Los virus son agentes infecciosos muy pequeños que están formados por una pieza de material genético, como ADN o ARN, que se encuentra encerrada en una capa de proteína. Así, los virus invaden las células de un cuerpo y utilizan componentes de esas células para multiplicarse.  

Al infectar una célula, estos agentes “obligan” a la célula anfitriona a sintetizar los ácidos nucleicos y proteínas del virus para poder llegar a formar nuevos. Lo cierto es que los virus infectan a todo tipo de organismos, desde animales, hongos, plantas hasta bacterias y arqueas y, por supuesto, personas.

De esta forma, surgen las denominadas enfermedades víricas. ¿Quieres saber cuáles son las características de estas enfermedades o los tipos que existen? ¡Sigue leyendo! En este artículo te contamos todo lo que necesitas saber sobre ellas.

 

¿Qué son las enfermedades víricas?

Básicamente, una enfermedad vírica es cualquier enfermedad o condición de salud que está causada por un virus. No obstante, hay que destacar que no todas las enfermedades víricas son contagiosas y no siempre se transmiten de persona a persona, puesto que también se pueden transmitir por otros medios, como por la picadura de un insecto infectado.

En este sentido, el primer signo de que un cuerpo ha sido invadido por una infección viral es la fiebre, puesto que esta se produce como resultado del sistema de defensa del propio cuerpo. Otros de los síntomas son diarrea y vómitos, así como tos, goteo nasal, dolor e irritación de garganta, dolor de cabeza y malestar corporal.

No obstante, hay que destacar que tener estos síntomas no significa que la persona tenga una infección viral, aunque una combinación de ellos sí que puede ser un indicio de ella. Además, a veces es difícil diferenciar entre una infección viral y otra bacteriana, por lo que son necesarias las pruebas de laboratorio.

En el laboratorio diagnóstico, las infecciones virales pueden confirmarse mediante una gran multitud de métodos. En este sentido, el tipo de muestra que se envía al laboratorio depende, a menudo, del tipo de infección viral que se diagnostica y de la prueba que se ha requerido. Por eso, una técnica de muestreo adecuada es esencial para evitar posibles errores preanalíticos.

Así, entre los diferentes métodos que existen se encuentran los basados en ácidos nucleicos. Se trata de las pruebas de diagnóstico más específicas y sensibles y son capaces de detectar todo el genoma viral o partes de él. Hace unos años, estas pruebas se utilizan como una prueba secundaria para confirmar resultados serológicos positivos, pero, con el paso del tiempo, se están convirtiendo en la herramienta principal para el diagnóstico. En este tipo de métodos, se encuentra la reacción en cadena de la polimerasa y la secuenciación.

Otros métodos son los basados en microscopía, como la inmunofluorescencia o inmunoperoxidasa. Estos últimos se utilizan para detectar si un virus está presente en una muestra de tejido y se basan en que, si el tejido está infectado con un virus, un anticuerpo específico de este virus podría unirse a él.

Hay que destacar que una persona que ha sido infectada recientemente por un virus, producirá anticuerpos en su torrente sanguíneo que reconocen específicamente ese virus. Esto se conoce como inmunidad humoral y también se puede utilizar como una técnica en el laboratorio, a través de las pruebas de anticuerpos.

Tipos de enfermedades víricas

Generalmente, la clasificación de las enfermedades víricas se realiza de acuerdo con el aparato del cuerpo humano que está afectado, aunque lo cierto es que algunas enfermedades virales son difíciles de clasificar. En este apartado, vamos a ver algunos de estos tipos y en qué consiste cada uno de ellos.

Las primeras tener en cuenta son las enfermedades virales respiratorias, que afectan a las partes superiores e inferiores del tracto respiratorio y que, además, son muy contagiosas. Entre sus síntomas se encuentra el toser o estornudar, fiebre, dolor de cuerpo y nariz congestionada o que moquea. Este tipo de virus se transmiten por gotitas generadas al toser, estornudar o a través de objetos contaminados.

Entre los ejemplos más conocidos se encuentra la gripe, el resfriado común, la infección por virus respiratorio sincitial o el síndrome respiratorio agudo severo (SARS).

Por otro lado, se encuentran las enfermedades virales gastrointestinales, que afectan al tracto digestivo. Este tipo de virus son muy contagiosos y suelen provocar gastroenteritis, también denominada gripe estomacal. Entre sus síntomas se encuentran los calambres abdominales, diarrea y vómitos.

Estos virus se suelen eliminar en las heces durante las deposiciones, así que son el agua o los alimentos agua contaminados con ellas los que pueden transmitirlo. Así, entre las enfermedades más destacadas se encuentra la infección por rotavirus, por astrovirus o por adenovirus.

Las enfermedades exantemáticas virales son aquellas que causan erupciones cutáneas, como el sarampión, la varicela, la rubéola o la infección por virus chikungunya. Muchos virus exantemáticos se transmiten a través de las gotitas respiratorias de la tos o el estornudo, pero también por estar en contacto con líquido en lesiones cutáneas rotas.

En cuanto a las enfermedades virales hepáticas, son aquellas que provocan inflamación del hígado, lo que se conoce como hepatitis viral. En este tipo se encuentra la hepatitis A, B, C, D y E, aunque las más comunes son las tres primeras.

En este grupo, la transmisión depende del tipo de hepatitis que sea. Por ejemplo, en la B y C, se puede transmitir de persona a persona a través de fluidos corporales, mientras que, en la A y E, al consumir alimentos o agua contaminados con heces de alguien con el virus. La hepatitis D solo la puede desarrollar alguien que ya tiene el virus de la hepatitis B.

No obstante, hay que destacar que hay otros virus que también causan enfermedades que pueden afectar al hígado, como el citomegalovirus.

Las enfermedades virales cutáneas son aquellas que provocan la formación de lesiones o pápulas en la piel, unas lesiones que pueden durar mucho tiempo o desaparecer y volver a aparecer después. Estos virus son contagiosos y se transmiten a través del contacto físico cercano con alguien que tiene el virus o al tocar un objetivo contaminado.

Entre las principales enfermedades de este tipo se encuentra el herpes oral, herpes genital o el molusco contagioso.

Otro de los tipos de enfermedades víricas son las hemorrágicas, es decir, aquellas que implican graves daños en el sistema circulatorio. Entre los principales síntomas se encuentra una fiebre alta, dolor de cuerpo, debilidad, sangrado de boca u oídos o sangrado de órganos internos. 

En este sentido, algunas enfermedades hemorrágicas se transmiten por la picadura de un insecto infectado, pero otras a través del contacto con la sangre u otros fluidos corporales. Entre los más destacados se encuentra el ébola, la fiebre amarilla o el dengue.

Por último, están las enfermedades virales neurológicas, que son las que infectan al cerebro y los tejidos circundantes. Fiebre, confusión, somnolencia o problemas de coordinación son algunos de los síntomas característicos de estas enfermedades, que se transmiten, principalmente, a través de la picadura de un animal o insecto infectado.

No obstante, el contacto cercano con alguien que tiene el virus o los objetos contaminados también pueden contribuir a su propagación. El polio, la meningitis viral o la rabia son algunas de estas enfermedades.

¿Qué hacer si tengo alguno de estos síntomas?

A la hora de tratar una enfermedad vírica, hay que tener en cuenta que los medicamentos que no requieren receta pueden aliviar algunos de los síntomas, como el moqueo, la congestión o la fiebre. De hecho, generalmente, las personas con este tipo de infecciones se recuperan con solo esperar a que la enfermedad siga su curso natural.

No obstante, existen algunas recomendaciones, sobre todo para las infecciones en las vías respiratorias, como beber mucho líquido, evitar fumar, descansar y usar un humificador. 

Si los síntomas empeoran, es muy importante acudir al profesional de la salud para que realice un examen clínico al paciente y determine un tratamiento adecuado. Actualmente, existen muchos programas formativos que permiten que estos profesionales estén adecuadamente formados y tengan sus conocimientos actualizados en cuanto a las últimas evidencias científicas.

Algunas de las enfermedades víricas más comunes

Entre las enfermedades víricas más comunes y destacadas, se encuentra la gripe (influenza). Se trata de una enfermedad respiratoria muy contagiosa que está provocada por el virus de la influenza y que afecta al sistema respiratorio, es decir, a la nariz, garganta y pulmones. Este tipo de virus puede causar una enfermedad desde leve a grave y, en ocasiones, incluso llevar a la muerte de la persona. No obstante, en la mayoría de las ocasiones desparece por sí sola.

El resfriado común o catarro es una acumulación de moco en las vías respiratorias o cavidades del cuerpo. Generalmente, afecta la parte posterior de la nariz, la garganta o los senos nasales y, a menudo, es temporal. Además, no es dañino y existen tratamientos disponibles para curarlo.

La varicela es otra enfermedad vírica que se caracteriza por ampollas rojas que pican y que aparecen en todo el cuerpo. Suele afectar a los niños y es muy raro padecer esta enfermedad más de una vez en la vida. Además, desde que se introdujo la vacuna, los casos han disminuido notablemente.

Por último, se encuentran las infecciones por coronavirus. Los coronavirus son una gran familia de virus respiratorios que causan enfermedades que van desde el resfriado común hasta enfermedades tan graves como el síndrome respiratorio agudo severo.

En este tipo de infecciones, tiene una gran importante la Covid-19, que está provocada por un nuevo coronavirus descubierto. La mayoría de las personas con este virus, experimentan una enfermedad respiratoria de leve a moderada, pero, en algunos casos, este virus puede provocar hasta la muerte de la persona.

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